La presentación del cartel de las novilladas y de la tradicional Vid de Oro de las Fiestas Patronales 2026 ha servido para rendir homenaje a Mauri y Dioni, dos vecinos que dedicaron su vida a Arganda del Rey y a sus tradiciones. Este es el retrato de uno de ellos,un hombre cuyo legado sigue vivo en el recuerdo de todo un pueblo.
Hay personas cuya historia se puede resumir con una lista de cargos, reconocimientos o logros. La de Mauricio García Blanco, «Mauri» para varias generaciones de argandeños, se escribe de otra manera. Se escribe con nombres propios, con abrazos, con fotografías desgastadas por el tiempo, con disfraces de fiestas patronales, con mesas llenas de amigos y con cientos de vecinos que, incluso meses después de su fallecimiento, siguen hablando de él en presente.
Nació en febrero de 1946 en Mazuecos (Guadalajara), pero apenas tenía dos años cuando su familia emigró a Arganda del Rey en busca de un futuro mejor. Se instalaron en el municipio, donde su padre comenzó a trabajar como vaquero en una finca conocida como El Malvar y la familia encontró el lugar donde echar raíces. Desde entonces, Arganda dejó de ser el sitio al que habían llegado para convertirse en el único lugar donde Mauri quiso vivir.
Quienes le conocieron aseguran que, aunque no nació en la localidad, pocos la sintieron tanto como él. Defendía Arganda «a capa y espada», hablaba con orgullo de sus calles, de sus vecinos y de sus tradiciones, y nunca permitió que nadie cuestionara el pueblo que había elegido como suyo.

Mauri y Dioni en las Fiestas / Familia García Reyes
Comenzó trabajando en el campo siendo muy joven. Después encontró en la construcción un oficio que desarrolló durante toda su vida. Junto a sus hijos impulsó Construcciones García Reyes, la empresa familiar desde la que trabajó durante décadas y se ganó el respeto de clientes, compañeros y vecinos por su profesionalidad y cercanía. Incluso cuando llegó la jubilación le costó aceptar que ya no tenía que levantarse cada mañana para ir a trabajar. El trabajo era para él mucho más que una obligación: era una forma de cuidar de los suyos.
Junto a ese proyecto profesional creció también el más importante de su vida. Conoció a su esposa, Merce, cuando ambos eran apenas unos niños y, desde entonces, nunca volvieron a separarse. Juntos formaron una familia de cuatro hijos: Mauri, Juan Antonio, Edu y Merce, que con los años se amplió con nietos y nuevas generaciones.

Família García Reyes
«Yo no soy de la familia, pero él me hacía sentir como si lo fuera»
La frase la pronuncia Mamen, amiga de la familia desde siempre. No comparte con Mauri ningún vínculo de sangre, pero nunca sintió que eso importara. Esa sensación se repitió una y otra vez durante las conversaciones que mantuve para reconstruir su historia. Alrededor de la mesa se sentaban hijos, nietos, familiares, amigos de la infancia, vecinos de toda la vida y personas que, sin pertenecer a la familia, hablaban de Mauri como si hubieran crecido bajo el mismo techo.
Porque Mauri tenía una capacidad poco común para relacionarse con cualquiera. Da igual quién fuera la persona que tuviera delante. Era «amigo de ricos y de pobres, de guardias civiles y de policías, de curas, de comerciantes, de políticos de cualquier partido, de vecinos recién llegados o de quienes llevaban toda una vida en Arganda.» Nunca preguntaba de dónde venía alguien antes de sentarse a conversar. Le bastaba con que hubiera una silla libre.
Sus Fiestas Patronales
Si hubo un lugar donde esa forma de ser alcanzó su máxima expresión fueron las Fiestas Patronales. Las fiestas eran, para él, mucho más que unos días de celebración. Eran el momento de encontrarse con todos, de volver a abrazar a quienes hacía meses que no veía, de disfrazarse, de reír y de disfrutar junto a su pueblo.

Mauri y Dioni durante el paseíllo de fiestas / Familia García Reyes
Junto a uno de sus grandes amigos, Dioni (el otro vecino homenajeado), formó una peculiar «peña los dos», sin necesidad de pertenecer oficialmente a ninguna agrupación, y durante años ambos encabezaron el paseíllo de las novilladas, convirtiéndose en una imagen habitual de las fiestas. Cada edición era una excusa para vestirse con el traje típico argandeño de la época, improvisar una broma o protagonizar alguna escena que terminaría inmortalizada en las decenas de álbumes familiares que aún conservan.
Los quintos eran otra de sus grandes pasiones. Aquellas reuniones multitudinarias, que llegaban a congregar a decenas de personas, se convirtieron en una tradición inseparable de su vida. Quienes compartían esos encuentros aseguran que él era «el cascabel» del grupo, y resultaba «imprescindible» en cualquier plan.

Mauri y Dioni durante las Fiestas Patronales / Familia García Reyes
Su fallecimiento, el pasado invierno, dejó una imagen que pocos olvidarán. El tanatorio y la parroquia de Arganda del Rey se quedaron pequeños para despedirle. Durante horas, vecinos, familiares y amigos hicieron cola para trasladar el pésame a los suyos, mientras otras muchas personas tuvieron que marcharse sin conseguir hacerlo debido a la cantidad de asistentes. Hasta allí llegaron personas de Arganda, de municipios cercanos como Morata de Tajuña y Campo Real, compañeros de trabajo, representantes de diferentes partidos políticos y vecinos de varias generaciones que, en muchos casos, ni siquiera se conocían entre sí. Lo único que compartían era haber encontrado, en algún momento de sus vidas, un motivo para querer a Mauri.
Ese cariño colectivo ha encontrado ahora un nuevo símbolo. La presentación del cartel de las novilladas y de la tradicional Vid de Oro de las Fiestas Patronales de 2026 ha querido rendir homenaje a Mauri y a Dioni, dos vecinos que hicieron de las fiestas una forma de entender Arganda y cuya huella sigue presente en la memoria del municipio.

Cartel Novilladas 2026 / Ayuntamiento de Arganda
Pero quizá el mayor homenaje no sea un cartel ni un reconocimiento institucional.
Creo que el verdadero reconocimiento sea comprobar que, meses después de su marcha, basta pronunciar su nombre para que una conversación se convierta en una reunión. Que familiares, amigos, vecinos de toda la vida, mayores y jóvenes que apenas coincidieron con él terminen sentados alrededor de una misma mesa compartiendo recuerdos, riendo con las mismas anécdotas y emocionándose con las mismas historias.
Porque Mauri consiguió algo que muy pocas personas logran: unir Arganda. Y lo más extraordinario es que sigue haciéndolo incluso después de haberse marchado.

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