El chef argandeño Martín Martínez Villamor, premiado en Madrid Fusión 2026 por la mejor torrija del mundo el pasado mes de enero, regresa a su pueblo con un show cooking para compartir su éxito con su familia y vecinos.
El patio del ESMAR de Arganda del Rey se llenó este martes de vecinos, familiares y representantes institucionales para recibir a uno de los suyos. El chef Martín Martínez Villamor regresaba a casa tras ser reconocido en Madrid Fusión 2026 con el premio a la Mejor Torrija del Mundo, y lo hizo como mejor sabe: cocinando.
Durante el evento, protagonizó un show cooking en el que explicó paso a paso la elaboración de su ya conocida torrija, compartiendo tanto la técnica como los pequeños detalles que definen su cocina, profundamente ligada a la tradición.
No estuvo solo, le acompañaron familiares, amigos, vecinos y representantes del Ayuntamiento, entre ellos el alcalde, Alberto Escribano, que quiso felicitarle por el reconocimiento. “Ver a tanta gente cercana, familias, amigos, que vinieran a verme… ha sido un regalo”, reconocía emocionado al terminar.
A sus 33 años, Martín mantiene un vínculo muy fuerte con Arganda. Aunque creció allí, con 17 años se trasladó a Sant Pol de Mar, en Barcelona, para formarse en cocina gracias a una beca que le consiguió su padre. Fue el inicio de un recorrido profesional que le llevó por cocinas de gran nivel, con experiencias en espacios como El Celler de Can Roca, junto a Paco Morales o en Casa José. Más adelante, asumió el papel de jefe de cocina en restaurantes como Hortensio y Narciso.
Con esa experiencia, decidió dar el paso definitivo y emprender su propio proyecto. Cuando tenía 27 años nació Villaroy’s, un obrador ubicado en el barrio madrileño de Chamberí, cuya esencia parte de una receta familia. “Nuestro proyecto está enfocado a una receta que elaboraba mi abuela, que son las pechugas Villaroy”. A partir de ahí, la propuesta ha ido creciendo, incorporando platos como tortillas, croquetas o albóndigas, pero siempre bajo la filosofía de una cocina muy tradicional. El objetivo del obrador es recuperar los mismos olores y sabores que se cocinaban en casa de tu abuela.
- Gema García / Arganda Actual
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Arganda, punto de partida, y camino de vuelta
«Mi intención es seguir aquí viviendo, por eso quise volverme a Madrid. Quien sabe si el día de mañana pueda montar algo aquí, en Arganda», explica. Ese apego al territorio no solo forma parte de su vida, sino también de su manera de entender la cocina. “Aquí en Arganda hay muy buenas tradiciones”, explica, recordando la influencia de las costumbres locales y de su entorno más cercano. Pero si hay una figura clave en su trayectoria, es la de su padre.
“Mi padre siempre ha tenido locales de hostelería, ya desde pequeño he visto ese nicho”, cuenta. «Comenzó a trabajar con 16 años, ha desarrollado distintos negocios a lo largo de su vida —desde un local de bodas y eventos hasta un restaurante o una pizzería— y hoy, con 65 años, continúa en activo. Lleva toda la vida trabajando, es emprendedor”. Actualmente regenta la Pizzería El Taller en Arganda. “De ahí ha salido la rama de yo querer emprender tan joven, por verlo tanto en casa”, añade.
El secreto de la Mejor Torrija del Mundo

Gema García / Arganda Actual
“Nuestra torrija tiene una identidad propia”, explica. La elaboración parte de un pan de leche y se basa en el cuidado del proceso: “Hacemos una infusión en caliente y la dejamos reposar toda una noche para que se empape y adquiera una textura muy cremosa”. El toque final, la fritura, también requiere precisión: “Intentamos que sea muy fina, muy delicada, y que se quede el interior muy cremoso”.
Más allá del resultado gastronómico, el premio tuvo un valor añadido por poder compartirlo. “Lo más emocionante fue ver a mi familia disfrutarlo”, asegura. «Había ganado otro premio en 2023, pero ahí no estaba la familia. Ver a todo el mundo compartir ese premio fue lo que más me gustó”.
Por eso, cuando piensa en qué le gustaría que sintieran los vecinos de Arganda al probar su torrija, su respuesta va más allá del sabor: “Me gustaría que la gente se sintiera orgullosa”. Orgullosa no solo del producto, sino del camino recorrido: “Que la gente se sienta orgullosa de conocer a una persona de su pueblo que haya ganado un premio”.
Quizá por eso, su vuelta a Arganda no ha sido solo una demostración culinaria, sino también una forma de cerrar el círculo: compartir con su gente, en su pueblo, el resultado de años de trabajo. Una manera de convertir un logro individual en motivo de orgullo colectivo.









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